Slide # 9
 

a propósito de la narración oral

Érase lo que se era, el mal que se vaya
y el bien que se venga …”
Mirada al fenómeno de la cuentería a propósito del Festival Internacional de Cuenteros: “el caribe cuenta”

Por:
Manuel Sánchez García
Director escénico

“Era esta vez, como mentira que es…”

La narración oral es la acción de contar historias, sucesos o acontecimientos, reales o imaginados a un grupo de personas, utilizando para ello como herramientas fundamentales la palabra y la gestualidad del ejecutante, en una situación de comunicación viva y directa.

Todos podemos contar, es decir, todos, en la medida en que manejamos una lengua o un sistema de códigos comunes con un auditorio, somos narradores de hecho. Cuentan los jóvenes en las esquinas, los maestros en clase, los hombres en el taller, los amigos alrededor de una cerveza o una comida, los pasajeros en el bus o en el tren de alta velocidad, las mujeres que lavan juntas en el río o las que comparten puesto en la oficina, o las que se acompañan al tocador, los abuelos y abuelas, los niños en el recreo (o en clase, a escondidas de la profe), los marineros, los emboladores, los peluqueros, los taxistas, los albañiles, los agricultores…

“Y hasta aquí nos trajo el viento… otro que cuente su cuento…”

El asunto es que hay unos que son “más graciosos que otros” y empiezan a ser reconocidos por su comunidad como “echadores de cuentos“, “cuenteros” o “cuenta cuentos”. Entonces los invitan a las reuniones sociales y al acontecimiento que ofrece mejores condiciones para que la palabra fluya de manera espontánea y los oídos se dispongan a disfrutarla: el velorio.

Estos son los llamados narradores orales espontáneos o tradicionales, presentes generalmente en culturas agrarias, poblaciones pequeñas, o como decía un cuentero en Quibdó, “donde no ha llegado todavía la luz eléctrica”. Pero los hay también en la ciudad, y claro, cuentan sucesos citadinos. Algunos se han hecho contratar en colegios y universidades como profesores de historia, de filosofía o de literatura y desde allí realizan su práctica; otros se vuelven locutores de radio. Un grupo más reducido se dedica a contar historias en escenarios: los llamados narradores orales escénicos. Y de éstos, a los que les va mejor, se dedican de lleno al oficio de contar cuentos, se declaran artistas, y de allí derivan su sustento. Es decir, ellos sí “viven del cuento”. Estos juglares contemporáneos provienen de diversas profesiones y casi todos tienen o han tenido un acercamiento con el teatro.

“Y no importa si se cuenta o no, así fue que sucedió…”

Las universidades: espacios donde florece la palabra

La narración oral escénica ocupa un importante lugar en los espacios cotidianos de las universidades colombianas, particularmente en las del interior del país. El movimiento de narradores escénicos floreció a mediados de los años ochenta, por la presencia en Colombia del maestro cubano Francisco Garzón Céspedes y del francés Jean Marie Binoche. Este fenómeno fue fortalecido por la programación del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá y de las jornadas semanales que se realizaban en el Teatro Popular de Bogotá. Antes de este florecimiento se conocía ya el trabajo del Compae Goyo en Cartagena; del maestro Enrique Vargas, en la Universidad Nacional de Bogotá; las historias del Tío Conejo, por El Berejú, del Teatro Experimental de Cali; y los trabajos de juglaría de Misael Torres, en Bogotá y otras ciudades.

Alumnos de estos maestros se fueron a las universidades, y allí surgieron grupos de estudiantes que se encargaron de abrirle espacios a la oralidad en los pasillos, cafeterías y en otros lugares informales. Al mismo tiempo, algunos artistas, principalmente actores, profundizaron sobre este ejercicio y hallaron en él una forma ideal de desarrollo expresivo.

Surgen entonces los narradores orales urbanos, con repertorios provenientes de diversas fuentes que van desde la tradición oral local y la creación original hasta la realización de espectáculos con narraciones de autores clásicos y contemporáneos.

Y con ellos las clasificaciones

Al depurarse el ejercicio artístico y la formación de público empiezan a aparecer también la crítica y el debate. Al principio, en torno a la función social, luego sobre el rigor del desempeño y la técnica, y más recientemente acerca del estilo.

A partir de entonces se empiezan a reconocer diferentes vertientes y tipos de narradores: El Narrador Popular o Narrador Tradicional, generalmente de origen y temática rural, cuentos de tradición oral, mitos y leyendas. El Narrador Urbano o Contemporáneo, generalmente actores, que recrean historias de barrio o de autores contemporáneos. Como una derivación de éstos está el Narrador Experimental, preferiblemente joven, que involucra objetos, textos no narrativos, juegos de palabras, danza, etc. El Personaje Narrador, un actor que encarna un personaje y cuenta desde el personaje. Cuento teatralizado, Actor espontáneo o académico, que recrea con algunos elementos de utilería y escenografía la situación original de donde provienen el habla y las historias contadas. La narración en grupo, ejecutada de diversa manera, en voces alternadas o en voces simultáneas sobre una mismo texto.
“Allá por los años de Upa…

La cuentería en Barranquilla

En 1988 algunos artistas de la ciudad participaron en la “Jornada Regional de Cultura Popular” en Mompox, y allí asistieron a un taller de narración oral dictado por Dora Triviño y Demetrio Vallejo. Más adelante, en 1989, en un Encuentro Latinoamericano de Cultura Popular realizado en Bogotá, otro grupo de artistas barranquilleros participa de un taller ofrecido por el cubano Francisco Garzón Céspedes en las instalaciones del TPB. En 1991, en la sala de teatro que luego se llamó Luneta 51 se realizó un taller interno entre algunos miembros de los grupos de teatro Arroconmango, La Carreta y La Tarima de Locombia, a partir del cual surgieron varios trabajos de narración oral, y algunos de éstos se conservan en la actualidad.

En 1998, por iniciativa de la Fundación Luneta 50 se realiza el 1º Festival Regional de Cuenteros: “el caribe cuenta”, que congregó a un importante grupo de narradores populares de la región Caribe colombiana y a varios invitados nacionales, provenientes de diversas vertientes del movimiento de narración oral escénica. En el marco de este evento se realizó el primer taller de iniciación a la narración oral escénica, en el que participaron docentes, estudiantes de bachillerato, universitarios y algunos actores de la ciudad.

El éxito alcanzado por este evento demostró el interés del público barranquillero por el arte de la cuentería y facilitó la consolidación del Festival como espacio de difusión y fortalecimiento de esa práctica. Para su segunda versión (1999) se generó un espacio de reflexión sobre los procesos creativos del narrador oral y se amplió la convocatoria a cuenteros tradicionales y urbanos de todo el país, además de dos invitados internacionales. Así mismo se amplió la cobertura a 10 municipios del departamento del Atlántico.
En el año 2000, “el caribe cuenta” se declara como Festival Internacional para la Cuenca del Caribe, y la cobertura se extiende a La Guajira, Bolívar y San Andrés Islas. La Universidad del Norte realiza un taller de iniciación para sus estudiantes, y en el taller organizado por el Festival participan estudiantes de la CUC, Simón Bolívar, Metropolitana y Uní atlántico. Ya en esta versión participan dos cuenteros locales formados por el mismo proceso y varios estudiantes de la Universidad del Norte.

Paralelo a este fenómeno se realizan dos festivales estudiantiles, promovidos por el Colegio Barranquilla para Señoritas y, otro certamen organizado por el Ateneo Técnico Comercial. De igual manera, el Festival de Arte Estudiantil, organizado por Fundar, incluye la narración oral dentro de las manifestaciones artísticas que promueve y difunde.
El Festival Internacional de Cuenteros: “el caribe cuenta” llega en el 2006 a su novena edición y se consolida como un proyecto que forma parte de la oferta cultural anual de Barranquilla y la región Caribe.

“Entro por el sano, salgo por el roto,
y el que quiera venga y me cuente otro…”

 

El oficio del narrador oral hoy

En una entrevista que le hiciera Iván Torres, cuentero bogotano y editor del libro Palabras Abiertas, a Nelly Pardo, también cuentera bogotana, ésta manifestó: ”La narración de cuentos, mitos y leyendas –al igual que la poesía, la trova y las leyes no escritas— ha sido una herencia en movimiento…”. De generación en generación, la narración oral ha servido como “instrumento para suscitar la memoria y acumular conocimiento del devenir de la humanidad, para dejar testimonio de las intenciones, hábitos, creencias y acontecimientos que conforman cada época”. Comenta Iván Torres: “Con el correr de los años, los avances tecnológicos y la conformación de grandes asentamientos urbanos han dado origen a una nueva cultura oral universal y comunicante: la de los medios masivos. Y la palabra que cuenta, que cura y conjura, reviviendo la memoria en el presente, se encuentra en vías de extinción”. Y prosigue: “La narración oral escénica aparece entonces como una alternativa para convocar nuevamente el encuentro de imposibles reales, para suscitar el recuerdo y penetrar la memoria de una multitud que son dos o más, cuando se habita el mismo sueño. Recuperar el espacio de la palabra es…crear entornos afectivos que conjuren la soledad de estos tiempos que nos acompañan”.

En esta misma dirección, y conscientes del papel de la oralidad para el fortalecimiento de la identidad cultural, se han consolidado importantes organizaciones de narradores, que han generado escuelas como la de “Vivapalabra”, liderada por el cuentero Jota Villaza, en Medellín; la Corporación de Narradores de Antioquia; festivales universitarios como “Empalábrate”, en Bogotá; “Unicuentos”, en Cali; “Acuentahuy”, en Riohacha y Valledupar; “Aquetecuento”, en Medellín; y el de más reciente creación, “Palabrarios”, en Barranquilla, impulsado por el Bienestar Universitario de la Universidad del Norte y la Fundación Luneta 50.

De esta cadena de acciones sobresalen los festivales “Puro Cuento”, en Bogotá; Iberoamericano “Abrapalabra”, en Bucaramanga, con una trayectoria de 10 años y extensiones a diferentes ciudades del país, y “Entre cuentos y flores”, en Medellín. Y, por supuesto, “el caribe cuenta”, en Barranquilla.
¿…Quieres que te lo cuente otra vez?

Bibliografía

PELEGRIN, Ana. La Aventura de Oír. Madrid, Cincel, 1984.
TORRES, Iván. Palabras Abiertas. Bogotá, Magisterio 1995.
VILLAZA, J. Soñemos Cuentos. Medellín, Úrico, 1999.