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Despertar los cinco sentidos

Fuente: http://revistas.elheraldo.co/latitud/despertar-los-cinco-sentidos-134933

En la cultura berebere, la fórmula de apertura de las narraciones se inicia con la frase: «Hay una historia entre ustedes, quien la busque, la encontrará», y de aquí nace el eje del oficio de la cuentería bereber, la constante búsqueda de historias y la indagación en sus profundidades para desnudar lo superficial y centrarse en los sentidos propios de su naturaleza. No bastará solo con atender en la escucha, será preciso emplear todos los sentidos para hacer el viaje deseado al imaginario.

Para los bereberes, el proceso de narrar historias tiene un carácter casi sagrado-mágico, por lo que no se cuenta a priori en cualquier espacio ni para cualquier público. Se ha de asegurar que lo que se vaya a transmitir se haga con las personas idóneas, pues esos seres serán luego quienes sigan la tradición de la oralidad.

Narrar en la cultura bereber es un hecho terapéutico: nos sirve para viajar, dándonos a conocer un sinfín de rincones del mundo; nos relaja, desconectándonos de la prisa del día a día; nos invita a convivir en comunidad; nos abrazamos antes, mientras y después de la sesión, pues es muy reconfortante y químicamente nos produce un gran placer/entusiasmo. Por ello, no interrumpimos nunca el momento mágico de la palabra y no nos advierten de mantener silencio…

Quien oficia normalmente la narración es una persona anciana y su gran experiencia y su inagotable memoria/creatividad son sus fuentes. También es costumbre entre los bereberes que se nos convoque en casa de otra persona anciana para celebrar la contada, y los invitados –en señal de respeto y agradecimiento– llevan diversos platos, bebidas, regalos para compartir durante el evento. Así, el coste es cero para la casa de invitación y es el incentivo que dan todos los presentes a la importancia del momento.

La tarea del cuentero o cuentera es provocar que los cinco sentidos de quienes escuchan estén muy despiertos para que puedan asimilar toda la esencia de las historias. El primer sentido que se estimula, tan pronto se llega a la casa invitada, es el del tacto; para poder entrar al interior del patio de la casa hay que compartir un profundo abrazo con quien nos recibe. El segundo es el olfato: un olor muy intenso a incienso, almizcle y agua de azahar se percibe al llegar al patio, y prevalece durante toda la velada, lo que intensifica nuestro sentido con fragancias que provienen de lugares muy remotos. El tercer sentido es el gusto: los anfitriones ofrecen a los contadores de historias un té de hierbabuena bien azucarado que, tan pronto lo percibe el paladar, la dulzura se transforma en confianza y placer. El cuarto sentido, la visión, se deja ciega pues el cerebro recibe imágenes cuyas interpretaciones no siempre son las correctas; todos los que escuchan cierran los ojos, solo los mantiene abiertos el anfitrión; así, los demás sentidos permiten recrear mundos más completos. Y el quinto y último sentido es el de la escucha. Estimular este sentido no es una tarea fácil, se alcanza tras un concienzudo proceso de familiaridad con determinados elementos de espacio/tiempo del entorno. Los bereberes tenemos un largo aprendizaje de este sentido, por lo que llegamos a desarrollar el arte de la ‘escucha’ durante nuestra vida.

Y he de mencionar el tiempo. El medidor de instantes de los bereberes no es el mismo que el del mundo occidental. Es una gran paradoja que el hombre ‘civilizado’ (el hombre blanco) haya inventado el tiempo, el reloj y, después de tanto, carece de él, del tiempo. En África no perdemos el tiempo y, aún menos, lo matamos, pues consideramos que no somos su propietario, no lo podemos dar ni regalar. El tiempo de escucha bereber es muy relajado (sin estrés), placentero (convergen diversos gustos), familiar (compartimos el momento en común), confortable (nos tumbamos sobre alfombras, esterillas, arena)… Y esto hace que una historia no termine en una noche, ni dos, ni tres… Son como las preciosas narraciones contadas por Sherezade.


Mohamed Hammú, narrador oral de origen bereber, invitado especial del XVIII Festival Internacional de Cuenteros ‘El Caribe cuenta’, describe cuál es el sentido y el valor que tiene la oralidad para esta comunidad. 

Una observación muy precisa que debo realizar es el problema del mantenimiento de este arte, de este patrimonio inmaterial de la oralidad. Es necesario crear redes internacionales para recuperar y compartir estas experiencias de vida y lograr que las memorias de nuestros ancianos no desaparezcan. En África decimos que «cuando fallece un anciano, es como si se quemase una biblioteca». Para recuperar este importante patrimonio hemos creado en el sur de España una asociación, Voces Rescatadas, que buscan difundir el inagotable tesoro de la oralidad.

Concluyo este breve texto, con la frase con la que los bereberes finalizan sus cuentos: «Y me puse el calzado nuevo, y anduve de aquí para allá, y se me rompió».

 

Cuento bereber del repertorio de Mohamed Hammú

En los umbrales de los tiempos solo existía el día, y era cuando las hijas de Lilith eran iguales a los hijos de Adán. No existía la noche ni su oscuridad. El tiempo nunca se apagaba y el placer de vivir jamás dormía.

Un día, los hijos de Adán quisieron ir lejos, a buscar lo desconocido. Caminaron durante días. Agotados, cerraron sus ojos y conocieron la noche, con sus pesadillas. Desde entonces, los hijos de Adán no tienen luz necesaria en sus ojos para ver nítidamente a las hijas de Lilith. Si el cansancio no fuera mayor que la ilusión por la vida, tal vez las noches dejarían de llorar estrellas para iluminar la ceguera y, tal vez, los hijos de Adán sabrían descubrir nuevamente el placer de la vida, acompañados con las hijas de Lilith.


Bailarinas del pueblo bereber, durante un ritual tradicional de celebración.

Los bereberes

El pueblo bereber está constituido por más de once millones de habitantes; se extiende sobre todo por Marruecos, Argelia y Níger, aunque también hay en Túnez, Libia, Egipto, Mauritania, Mali y Burkina Fasso. Su idioma es el tamazight, que nada tiene que ver con la lengua árabe oficial en Marruecos.

Posee su propia grafía, pero el beréber es muy dado a la tradición oral; la cultura se transmite de madres a hijos. En la sociedad beréber, los relatos de los hombres se narran en la calle; sin embargo, el de las mujeres está limitado al recinto del hogar; es muy difícil que un hombre los pueda escuchar.

Mohamed Hammú convenció a las más ancianas y se metió en el mundo mágico de estas Sherezades. «Cuando ellas hablan, el mundo se para, no existe el tiempo y una historia puede durar tres noches», manifiesta Hammú, quien logró compilar esta vivencia en el libro ‘Scherezades: cuentos de mujeres bereberes’, publicado en España por la Editorial Palabras del Candil.